Rosalía, Lisboa y una amistad 20 años después: la entrada que siempre llevó mi nombre.

Rosalía, Lisboa y una amistad 20 años después: la entrada que siempre llevó mi nombre

Hay amistades que terminan y otras que simplemente quedan en pausa. La nuestra necesitó más de veinte años, muchas experiencias de vida, un reencuentro inesperado y una entrada para Rosalía que parecía llevar mi nombre desde el principio. El 9 de abril, en Lisboa, entendimos que quizá nunca habíamos dejado de formar parte de la historia del otro.

Hay personas que nunca quisiste perder.

Pero las pierdes.

No porque exista una discusión, porque desaparezca el cariño o porque decidas conscientemente alejarlas de tu vida. A veces simplemente ocurre.

La vida avanza.

Cambian las circunstancias, aparecen otras personas, tomamos caminos diferentes y vivimos experiencias que nos transforman.

Y cuando quieres darte cuenta han pasado veinte años.

Eso nos ocurrió a Blanca y a mí.

Una amistad que nunca quise perder

Nos conocimos hace más de dos décadas y compartimos una amistad que recuerdo con muchísimo cariño.

Después, nuestras vidas tomaron direcciones diferentes.

Cada uno tuvo que vivir sus propias experiencias, enfrentarse a sus dificultades, caer, levantarse y descubrir quién quería ser.

Pero nunca existió en mí esa sensación de haber querido perder aquella amistad.

Simplemente la vida nos había separado.

Hasta que decidió hacer exactamente lo contrario.

Volver a unirnos.

Y eligió para hacerlo un lugar bastante peculiar: un espectáculo de Paca la Piraña.

Después de más de veinte años, allí estábamos otra vez.

Blanca.

Y yo.

Nos reconocimos, hablamos y algo volvió a conectar.

Quizá porque determinadas conexiones no desaparecen. Solo permanecen dormidas esperando el momento adecuado para despertar.

Habíamos cambiado muchísimo.

Pero también descubrimos cuánto teníamos todavía en común.

Dos personas llenas de experiencias, aprendizajes y superación que se reencontraban desde un lugar completamente diferente al de veinte años atrás.

Y desde entonces ocurrió algo que ninguno esperaba:

nos volvimos inseparables.

Como si la vida quisiera recuperar parte del tiempo perdido.

Mientras tanto, yo buscaba a Rosalía

Mucho antes de saber dónde acabaría esta historia, llevaba tiempo intentando conseguir entradas para el LUX Tour.

Madrid.

Nada.

Barcelona.

Imposible.

Lisboa.

Tampoco.

Busqué, insistí y finalmente desistí.

Pensé que aquella gira tendría que verla desde la distancia.

Lo que no sabía era que quizá no necesitaba seguir buscando.

Porque mi entrada ya existía.

La tenía Blanca.

La entrada que siempre llevó mi nombre

Cuando aquellas entradas fueron compradas, una de ellas tenía inicialmente otro destino.

Yo ni siquiera formaba parte de aquel plan.

Pero las circunstancias cambiaron.

Y aquella entrada terminó llegando hasta mí.

Aunque cuanto más pienso en ello, menos me gusta decir que «terminó siendo para mí».

Prefiero pensar que siempre fue para mí.

Que de alguna manera llevaba mi nombre escrito desde mucho antes de que ninguno de los dos pudiera imaginarlo.

Yo había buscado entradas en Madrid, Barcelona y Lisboa sin éxito.

Había dejado de buscarlas.

Y entonces recupero a una amiga que nunca había querido perder y descubro que precisamente ella tiene la entrada que yo llevaba meses intentando encontrar.

¿Casualidad?

Puede ser.

Nosotros preferimos llamarlo causalidad.

Quizá aquella entrada no tenía que aparecer cuando yo la buscaba.

Tenía que esperar a que primero apareciera Blanca.

9 de abril: Lisboa

Y así llegamos juntos al MEO Arena de Lisboa.

Más de veinte años después de conocernos.

Después de haber estado separados durante buena parte de nuestras vidas.

Después de reencontrarnos.

Y ahora prácticamente inseparables.

Entramos para vivir el LUX Tour de Rosalía sin saber que aquella noche terminaría significando muchísimo más que un concierto.

Cuando comenzó el espectáculo, todo pareció encajar.

La voz, la música, las luces, los silencios, la puesta en escena y esa atmósfera casi espiritual que envolvía el recinto hicieron que durante algunos momentos tuviéramos la sensación de estar viviendo algo difícil de explicar.

Rosalía estaba delante.

Pero yo también miraba hacia mi lado.

Y estaba Blanca.

Un poquito más cerca del cielo

Cantamos.

Nos emocionamos.

Nos miramos.

Nos reímos.

Y hubo momentos en los que no hacía falta decir absolutamente nada.

Era suficiente con estar allí.

Porque mientras miles de personas vivían su propia experiencia con Rosalía, nosotros estábamos celebrando, quizá sin haberlo planeado, algo todavía más importante:

habernos recuperado.

Aquella noche sentimos que estábamos un poquito más cerca del cielo.

Y no fue solamente por el concierto.

Fue por todo lo que había tenido que suceder para que termináramos allí.

Las amistades también tienen segundas oportunidades

Desde Un Sofá Mágico Magazine hablamos de música y cultura, pero sobre todo nos interesan las historias que existen detrás de ellas.

Y detrás de este concierto existe una historia de amistad.

Una amistad que nunca quise perder.

Una amistad que la vida puso en pausa durante más de veinte años.

Y una amistad que, cuando regresó, lo hizo con tanta fuerza que ahora resulta difícil imaginar que hubiéramos pasado tantísimo tiempo separados.

Quizá necesitábamos vivir todo aquello por separado para poder reencontrarnos siendo quienes somos hoy.

Blanca forma parte de mi presente.

De mis planes.

De mis risas.

De mis locuras.

Y ahora también de uno de los recuerdos musicales más especiales de mi vida.

Yo llevaba meses buscando una entrada para Rosalía.

Pero la vida tenía otros planes.

Primero tenía que devolverme algo mucho más importante:

una amiga que nunca había querido perder.

Después apareció la entrada.

La que parecía llevar mi nombre desde el principio.

Rosalía puso la música.

Lisboa puso el escenario.

Paca la Piraña, sin saberlo, había iniciado el primer acto de esta historia.

El universo y Papito Dios hicieron de las suyas.

Y nosotros hicimos lo único que nos correspondía:

volver a encontrarnos y no soltarnos.

Porque quizá algunas personas no regresan a nuestra vida para recuperar el tiempo perdido.

Regresan para demostrarte que, a partir de ahora, todavía queda muchísimo tiempo por compartir.

Casualidad para algunos. Causalidad para nosotros.

Texto y experiencia: Adrián Romero Arias
Un Sofá Mágico Magazine Cultural y Musical®

Historias que inspiran, conectan y nos recuerdan que detrás de cada canción también puede esconderse una parte de nuestra propia vida.

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