Ni el calor abrasador de Sevilla pudo evitar que Lenny Kravitz firmara un auténtico conciertazo en la Plaza de España.

El artista neoyorquino conquistó Icónica Santalucía Sevilla Fest con un espectáculo arrollador, una banda impecable y una presencia escénica que volvió a demostrar por qué sigue siendo uno de los grandes iconos del rock.

Ni el calor abrasador de Sevilla pudo impedir que Lenny Kravitz firmara un auténtico conciertazo en la Plaza de España. Cerca de 18.000 personas disfrutaron de dos horas de rock, soul, funk y del magnetismo de uno de los grandes iconos de la música internacional

No habían pasado ni veinticuatro horas desde que abandonaba la Plaza de España con la emoción todavía latiendo por haber cumplido el sueño de ver a Robbie Williams.

Pensé que sería difícil volver a sentir algo parecido.

Pero Sevilla tenía preparada otra sorpresa.

La noche anterior, más de once mil personas habían convertido cada canción de Robbie en un inmenso coro bajo el cielo sevillano. Veinticuatro horas después, Icónica Santalucía Sevilla Fest volvía a rozar el lleno con cerca del aforo máximo permitido para recibir a otro gigante de la música internacional: Lenny Kravitz.

El calor era sofocante. Tanto, que varias personas tuvieron que ser atendidas durante la tarde. Pero ni las altas temperaturas consiguieron frenar las ganas de vivir una noche que prometía ser inolvidable.

Y lo fue.

Lenny Kravitz apareció sobre el escenario con la seguridad de quien lleva décadas dominando los grandes recintos. Elegante. Carismático. Magnético. Sexy. Un auténtico divo del rock que nunca ha escondido esa personalidad seductora que forma parte de su identidad artística. No necesita exagerar su presencia; simplemente aparece y el escenario pasa a ser suyo.

Desde los primeros acordes quedó claro que aquello no iba a ser solo un concierto.

Iba a ser un espectáculo.

Acompañado por una banda extraordinaria y unas coristas de enorme calidad, fue enlazando algunos de los temas más importantes de su carrera. Are You Gonna Go My Way, Fly Away, American Woman, It Ain’t Over ‘Til It’s Over, Again, Believe o Always on the Run hicieron viajar al público por varias décadas de historia del rock, el soul y el funk.

Cada canción encontraba su lugar. Cada solo de guitarra despertaba una ovación. Cada movimiento sobre el escenario confirmaba que Lenny Kravitz sigue siendo uno de esos artistas capaces de convertir un concierto en una experiencia.

Hubo música.

Hubo elegancia.

Hubo sensualidad.

Y hubo mucho rock.

Para quien escribe estas líneas, esta noche significó algo más.

Era otro de esos sueños que llevaba guardando desde la adolescencia. Otro artista que había acompañado tantos momentos de mi vida y que, por fin, podía disfrutar en directo.

En apenas dos noches, Sevilla me regaló dos recuerdos imborrables: Robbie Williams y Lenny Kravitz.

Dos leyendas.

Dos estilos completamente distintos.

Un mismo sentimiento.

Mientras abandonaba la Plaza de España comprendí que algunos sueños no llegan cuando uno quiere.

Llegan cuando tienen que llegar.

Y cuando lo hacen, dejan una huella difícil de borrar.

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